Copywriter rebelde (mi Manifiesto)

Hoy quiero dejarte clara mi declaración de intenciones en relación a cómo entiendo esta profesión, no vaya a ser que hayas pensado que puedo ser tu chica y luego resulte que te salgo rana.

Lo que voy a hacer es probablemente lo contrario de lo que debería hacer, que es venderme y contarte las bondades de mi negocio y cómo te voy a solucionar la vida empresarial ¿no?

Y no, para mí no es un suicidio profesional sino mi compromiso personal de irte siempre con la verdad por delante. Otra cosa no, pero clara… lo llevo en el nombre. La honestidad es uno de mis valores estrella en la empresa y quiero hacerle justicia en la mía desde ya.

Y es que no me da la gana hacer lo que dicen que “se tiene que hacer” sin antes pasarlo por mi filtro personal. En este mundo saturado de fórmulas mágicas para tener éxito en tu empresa (uf, esta expresión me chirría como un gato arañando una plancha metálica), yo me desmarco y me invento mis propias reglas. Llámame loca.

Por eso si buscabas una copywriter convencional, puedes cerrar este artículo ahora, que no me enfado. Prometido.

Por qué soy una copywriter rebelde

Cuando una decide dedicarse profesionalmente al tema X, una se empapa de bibliografía del tema X hasta que acaba con los huesos calados. Recuerdo cuando en la Uni me tocó hacer un trabajo sobre los adverbios de actitud oracional terminados en –mente (puedes bostezar). Lógicamente, antes de inventarme mi propia teoría sobre los adverbios en –mente, leí mogollón de bibliografía que los sabios de la Gramática española –y bastante más interesados en el tema que yo- habían escrito antes.

Moraleja: siempre alguien ha pensando antes que tú sobre un tema y ha dicho cosas interesantes sobre él. Es importante tenerlo en cuenta para después poder aportar tú cosas nuevas.

Así que yo he leído mucho sobre copywriting y marketing de contenidos antes de lanzar Mimusa. De hecho, he leído mucho sobre emprendimiento en general, marketing en redes sociales, fidelización, estrategia, etc. Como una alumna aplicada.

Y puedo decir que la gran parte de este mundillo no me gusta. No me identifico. Me resulta un poco agresivo, invasivo, persuasor. Y me dirás: “bueno Clara, es que las empresas quieren vender y para vender hay que persuadir”. Y yo te digo que esa es una forma de verlo. Yo tengo otra.

Aplicado específicamente al copywriting, me abruma la cantidad de slogans y títulos de posts del tipo:

Atrae a más clientes con tus textos

Escribe para vender

Duplica tus ingresos con estas 5 estrategias de copywriting

Seduce a tus clientes y haz que te necesiten

Uf, volvemos al gato arañando la plancha metálica.

Soy rebelde porque cuando no me gusta cómo se hacen las cosas, me desmarco y las hago a mi manera. Porque no creo en seguir lo establecido sin cuestionarlo. Y sobre todo porque pongo mi intuición y mis tripas por delante siempre. Si no me siento a gusto haciendo algo, no lo hago. Aunque pierda clientes.

Y mis tripas me dicen que enfocar el copywriting de esta manera no me va a hacer feliz.

Cómo entiendo yo el copywriting

Después de empaparme de lo que se estaba haciendo, me he creado mi propia teoría:

Las buenas ideas se venden solas. Porque las buenas ideas solucionan problemas y cubren necesidades que de verdad tiene la gente. No hace falta disfrazarlas con un lenguaje embaucador que las haga parecer mejores. No se trata de poner un bonito envoltorio a un puñado de humo. No hace falta ni siquiera bombardear demasiado con ellas. Las buenas ideas hacen que la gente las vaya a buscar.

PERO

No basta con tener una idea genial. Hay que hacer que la gente la conozca. Que sepan dónde encontrarla, cómo llegar a ella. Y aquí es donde entra mi visión del copywriting.

Una idea genial debe ser BIEN COMUNICADA. Ni disfrazada, ni edulcorada, sino bien contada. Transmitida de forma clara, honesta y que contagie a los demás la misma emoción que siente su creador. Cuando hay un buen proyecto detrás, basta con usar el lenguaje escrito para hacerle justicia y transmitir la verdad. Usarlo a nuestro servicio para dar forma a lo que queremos que el mundo conozca pero que en nuestra cabeza es un caos inconexo.

Si la idea es buena y la cuentas bien en los lugares correctos, la gente vendrá a buscarla. Si nadie la necesita… ¿es tan buena idea?

Un abrazo,

Clara

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Cómo surge Mimusa

Mimusa surge como surgen las buenas ideas: del caos.

Del caos de unos estudios que no me gustaban absolutamente nada.
Del caos de un momento de crisis que nos veta el futuro a los jóvenes.
Del caos de una vida que no me hacía feliz.

Del caos de una mente creativa e inconformista que si se resigna se muere.

Me empeñé en que no me quedaría sin intentarlo. Y otra cosa no, pero cabezota soy un rato.

Hice mogollón de cursos. Buceé en mí y me conocí hasta odiarme. Llené libretas con ideas. Taché, arranqué y llegué a odiar un buen puñado de ellas. Lloré. Saturé mi cabeza hasta que no sabía por dónde me daba el aire. Hablé con personas que no me entendían e hice mucho mal genio. Hablé con otras que sí me entendían, porque estaban en lo mismo, y gracias a ellas casi más que a nadie, estoy aquí.

3 años de montaña rusa total y absoluta.

Cuando ves que todo este caos se ha materializado en algo real, lo mínimo que puedes hacer es irte de cervezas con amigos a celebrarlo.

Y eso pienso hacer.

Gracias por estar aquí, de verdad de la buena.

Un abrazo,

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