Me da miedito hacer que mis clientes suenen "a copywriting"

Hay en el mundo del copywriting algo que me produce una tremenda contradicción.

Vamos a partir de la premisa de que yo siempre he querido conocer las reglas. Para luego hacer con ellas lo que sea: seguirlas al pie de la letra, romperlas sin piedad, adaptarlas a mí (lo que más, esto último). En el mundo del copy, yo he querido conocer cómo decían que había que hacer las cosas los grandes, los pioneros, los que han puesto montones de técnicas en práctica y han medido sus resultados y, por tanto, conocen lo que más suele funcionar. Me gusta conocer lo que más suele funcionar, porque yo soy una persona que se fía de la efectividad de algo cuando comprueba que ese algo realmente ha producido efectos positivos. Me pasa, por ejemplo, con las plantas medicinales y con los suplementos naturales. Yo, que soy bastante hierbas, no les tengo una fé ciega. Necesito comprobar que funcionan en mí. Y algunas veces me han servido y otras he tenido que recurrir al medicamento convencional.

Los grandes del copywriting dicen que hay determinadas palabras, estructuras sintácticas y contenidos que funcionan. En copywriting, que algo funciona en última instancia quiere decir que cala en el lector y que despierta en él las ganas de comprar ese producto o servicio. Que el texto en cuestión lo motiva lo suficiente como para hacer click en el botón de comprar (o de contactarnos para pedirnos presupuesto, o de suscribirse, o de firmar una campaña, o de lo que sea que queremos que haga).

Y, para conseguir esta finalidad, los grandes del copy proponen un modelo de redacción que hoy en día está ya muy perfilado y delimitado y que cuenta con una serie de afirmaciones casi incuestionables, como que al lector hay que hacerle la lectura muy fácil y muy visual, que los títulos tipo “Cómo hacer X en X tiempo sin X” funcionan, que una página de ventas debe contener estos elementos y en este orden, que utilizar resortes de escasez y de urgencia funciona.

Lo han probado y funciona. Hasta aquí todo OK.

Muchos de estos consejos tienen todo el sentido del mundo desde el punto de vista de hacer lo más asequible el contenido al lector. Que sean textos de consumo fácil y ligero, que contengan toda la información importante y que toquen sus puntos sensibles. Yo utilizo un montón de estos recursos en mis propios textos y en los que escribo para mis clientes.

Muchos están basados en la psicología del consumidor.

Pero, claro, yo a veces me pregunto: ¿de qué consumidor? Porque si me toman a mí como ejemplo, y a otros muchos como yo, quizá ya no salen tan bien las cuentas.

Yo me he enamorado de una marca justamente porque proponía cosas diferentes, porque hablaba de forma diferente, saltándose a la torera muchas reglas de un estilo de copywriting que se ha convertido en el estilo de redacción marketera por excelencia y que inunda todo el mundo del emprendimiento online (más o menos agresivo, pero eso es otro tema). Cuando conoces el mundillo se está empezando a notar de lejos quién escribe con copywriting. Y ¿sabes qué? No sé si me gusta.

Porque muchas marcas no me dicen nada. Son una marca más, que utiliza unos tips sin adaptar, sin hacerlos suyos de una forma creativa. Y es que se insiste mucho en técnica y en fórmulas y en estructuras, pero poco en identidad verbal, voz de marca y creatividad.

El lenguaje puede diferenciar a las marcas o uniformizarlas. Puede convertirte en una marca que mola o en una marca más.

A mí me da como miedito hacer que mis clientes “suenen a copywriting”. Y aquí está mi contradicción. Porque cuando me contactan quieren textos que funcionen, quieren copywriting. Y yo se lo doy, porque conozco las reglas. Y porque así siento menos el síndrome de la impostora y siento más justificado mi trabajo. Porque ateniéndome a lo que he aprendido de los grandes voy a lo seguro, sigo unos pasos y cumplo con creces. Y creo que hago buenos trabajos de copywriting convencional, la verdad.

No es este un artículo en el que saco conclusiones, ni me posiciono. Porque mis conclusiones están todavía tomando forma en mí, son un work in progress. Porque no creo en el blanco o negro. Porque veo cosas buenas en casi todo. Esto solo son reflexiones en voz alta que suelto al vuelo.

Atrápalas si quieres y -también si quieres- puedes compartir conmigo tu reflexión y vamos perfilando juntos las conclusiones : )

PD: Ya ves que este tampoco es un artículo escrito con copywriting. ¿Te lo has leído entero? 😉

1 comentario

Carolina Lacruz

Hola Clara,

bajo mi punto de vista, con más copy o menos copy, siempre habrá marcas, empresas o personas que no te digan nada, ni a ti ni a nadie. Por mucho copy que haya no nos puede gustar todo, ni nos puede enganchar todo, ni podemos comprar todo.

Personalmente, hay determinadas expresiones utilizadas como copy que me hacen descojonarme de risa. Esto sucede especialmente cuando se venden infoproductos. Un ejemplo puede ser eso de que si compras mi curso conseguirás la vida de tus sueños. ¿Cómo dice, joven? Si haces un curso quizá tu vida cambie. Pero conseguir la vida de tus sueños… Quien se crea eso es que no ha hecho una reflexión seria en su vida.

O que si no compras el curso de 3000 lereles es que no apuestas por ti. Pero de qué van. Primero, hay que sopesar el “apostar por ti” con el poder comer todos los días. Y segundo, será que no apuesta por él/ella quien no compra todos y cada uno de los cursos que salen al mercado.

Un abrazo
Carolina

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